domingo, 5 de abril de 2020

El mismo mar. El mismo cielo - Capítulo 15 y último - La chica del vestido rosa

    Rosaleen, Dylan y Niall, al separarse de sus padres se miraron entre sí, y sin decir nada, sin palabra alguna, supieron en ese instante que no  la volverían  a ver.  Habían pasado unos días maravillosos de Navidad, pero supieron que serían los últimos en que todos estarían presentes.
Apenas una semana después, el teléfono sonó a horas intempestivas y lo que esperaban se cumpliría inexorablemente:

- Venid cuanto antes.  Mamá se nos va .


    Era la voz quebrada de Paul que apenas podía articular palabra. Se levanto aquella mañana, más fatigada que de costumbre y no quería levantarse, y como siempre, Paul arrastró el sillón hasta la cabecera de su cama y estaría a su lado, allí con sus cabezas juntas y cogidas sus manos.  Sabía de antemano que era el final, que su amada Rose se iba, que el tiempo había llegado.  No quería llorar delante de ella, pero tenía ganas de mesarse los cabellos, de golpear su cabeza contra la pared, pues tal era la desesperación que sentía. Su chica dulce y hermosa, vivía sus últimas horas y quería que fueran para él.  De ese recuerdo sería de lo que viviría hasta que de nuevo se reunieran.


La veía con los ojos entornados y los labios entreabiertos, de los que apenas salía un atisbo de suspiro.  Le hablaba bajito para no molestarla, pero era su despedida; la diría todo lo que en todos esos años, le quedó por decir y ya no había tiempo, que se iba rápidamente .  Le faltaban las palabras;  no quería que ella se diese cuenta de que era el final, y buscaba en su cabeza  no sólo la manera de alargar el momento, sino que fuera feliz con los recuerdos de cuando eran jóvenes, de cuando tuvieron a sus hijos, de lo que se habían amado, de cuánto la había deseado  desde que la viera por primera vez.  Rose, sonreía ligeramente, pero no abría los ojos, y no decía nada.  La vida se la escapaba rápidamente, pero quería que fuera en paz, que su cabeza no llegara a comprender que se marchaba lentamente.  Sólo pedía que sus hijos llegasen a tiempo para que ella les viera por última vez.

Los hijos llegaron lo más rápidamente posible, a tiempo de recoger el último aliento de su madre.  Estaban todos alrededor de su cama y Paul apoyada su mejilla en la de ella.  Quería transmitirla su calor, alargar el halo de vida que la quedaba.
  Beso a cada uno de ellos, y el último beso fue para él.  Pegó sus labios a los de Rose y así los mantuvo, hasta que su aliento se apagó. Su Rose del alma, se había ido, y él con toda su sapiencia no había podido hacer nada.  De lo más profundo de su corazón salió un sollozo estremeciendo todo su cuerpo, que se abrazaba al de Rose para no separarse de él.

Se encerró en su despacho y no salió de él hasta que fue la hora de acompañarla hasta su última morada.  Allí dijo a todos los que les acompañaban que le dejaran a solas con ella.  Tenía tantas cosas que decirla todavía, tanto amor que darle, que necesitaba decírselo antes de que se perdiera en la profundidad de la tierra.  De esa tierra que le albergaría a él también cuando llegase su hora.  Era el único consuelo que tenía, que al fin podrían estar juntos para siempre.


Escrupulosamente se cumplieron todos los protocolos a que estás obligado a cumplir en ocasiones como ella.  Sus hijos se encargarían de todo. Paul sólo deseaba estar en su habitación, tumbarse en el mismo lugar  que ella ocupara y absorber su perfume.  Aún no tenía fuerzas para abrir el armario de su ropa y contemplar los vestidos, sus zapatos, sus alhajas.  Aspiraba su perfume porque de esta forma percibía su olor.  Abría los cajones de su cómoda una y otra vez y acariciaba su ropa interior de suave tela. Y parecía que la tenía delante coqueta y joven paseándose delante de él.

Recordando su casamiento y su primera noche juntos, y tantas y tantas cosas que habían vivido. Y así recordando cada momento de su unión, a veces se quedaba dormido, para despertar rápidamente.  No quería seguir viviendo. Sin ella no.  Nada tenía valor, ni belleza, ni interés.

Y pasaron los días y su vida seguía monótona y sin alicientes.  El primer año fue duro muy duro.  Llegaron las navidades nuevamente. Había sido la primera vez de todo, de su vida sin ella, pero Navidad, sería lo más difícil.  Sus hijos fueron a pasar las fiestas con él, pero lejos de consolar se le hacía más duro y doloroso; recordaba la última en que ella fue absolutamente feliz, viendo a toda su familia al completo alrededor de la mesa de Navidad.


Para todos fue un pésimo día y todos hubieran deseado haberse quedado en sus casas correspondientes para no rememorar la última.  Pero...  ¡cómo dejar a su padre solo, precisamente ese primer aniversario sin ella !

En su honor Paul ordeno al servicio, vistieran la mesa como a ella le gustaba,. y haciendo de tripas corazón, quiso que la cena se celebrara, aunque cada uno de ellos se tragara el llanto y la nostalgia. Se retiraron temprano a dormir; mantuvieron una sobremesa corta y cada uno se retiró a su habitación.  Paul buscaba la soledad, especialmente en esa noche.  Pronto haría un año que ella se fue, y la herida permanecía abierta y sangrando aún.

    No tenía ganass de vivir. La casa se le venía encima y todo le daba igual; a veces no sabía en el día de la semana en que vivia. Todos los días eran monótonos e iguales.  Cuando el tiempo lo aconsejaba, paseaba por la playa y allí miraba al cielo y hablaba con ella.  Y lloraba y la pedía que le llevase ya, que no podía resistir su ausencia. Y de esta manera se iba deteriorando sin siquiera oponer resitencia al paso del tiempo.

La primavera era bonita, como todas pero él en nada encontraba belleza. Sentía la necesidad de hablar con sus hijos, y llamó a cada uno de ellos y se entretuvo hablando con sus nietos.  Se reía con ellos y hasta los hijos creyeron que estaba remontando la melancolía que le acompañaba desde que Rose se marchó.  Ann de vez en cuando se asomaba discretamente al despacho, y al escucharle reír, se retiraba . La extrañaba esa repentina vitalidad, y no le gustó.

-Quizá se esté acostumbrado - se dijo

Sacó el sillón a la pasarela, como todos los días, y hacia allí se encaminó Paul.  Quería tomar los rayos de sol que en esa mañana eran preciosos. Se tapó la rodillas con la manta y haciendo visera con su mano para taparse la intensidad del sol, echó la cabeza hacia atrás:   quería dormir un poco antes de comer.

  A lo lejos llegaba corriendo y saltando una jovencia vestida con un precioso vestido rosa.  Agitaba sus brazos al aire y daba vueltas como haciendo pasos de baile.  Él se incorporó en la butaca al  comprobar que se trataba de alguien muy conocido para él .



-¡ Rose, mi amor ! ¿ Qué haces aquí ?

- Vengo a buscarte como te prometí

- ¡ Cuánto has tardado !

- No te quejes, ya he llegado.  Me he puesto el vestido que tanto te gusta.  Ven, dame la mano. Voy a enseñarte mi lugar favorito

- ¡ Cuánto te quiero Rose ! Te quiero mucho, te quiero muchísimo

- Y yo a tí. Dame un beso y vayámonos

    Ann extrañada de que permanecía quieto en la misma posición desde hacía bastante rato, salió a ver si se encontraba bien.  No tuvo necesidad de averiguar más.  Tocó su mano y la encontró inerte, demasiado quieta, y entonces supo que el doctor había ido al encuentro de su amor, de Rose.

Se santiguó y con su dedo, depositó un beso en su frente.  Ya estaba en paz.   Miró su rostro y le vio sereno y sonriente.  Al fin era feliz.  Se puso en contacto con sus hijos para notificarles su partida. Llamó al médico para su certificación, y el resto se haría cuando llegaran los muchachos.

   Rosaleen llorosa entró en su dormitorio; aún se percibía el olor al perfume que usaba; todo estaba en perfecto orden tal y como él lo dejara.  Abrió uno de los cajones de su secreter, y extrajo un sobre dirigido a ella con las instrucciones para el sepelio:



              " Mi deseo es descansar para siempre en el mismo lugar de mamá. En aquel lugar y que el mismo mar nos arrulle y nos caliente el mismo sol.  Mi abogado tiene el testamento. Haced con todo lo que queráis. Os quisimos mucho; no estéis tristes por mi muerte; yo estoy feliz ya que pasaré la eternidad con ella, con vuestra madre, con Rose mi amada esposa.  Fuisteis hijos queridos y deseados.  No lloréis por nosotros, estamos juntos y libres.  Hemos recobrado la juventud y correremos por la playa. Os quiero. Paul "

   Y paso por paso se cumplieron sus deseos. Sus hijos repartieron entre ellos las cosas de sus padres, pero conservaron la casa de Connemara, y allí disfrutarían sus vacaciones de verano y retornarían cada Navidad para vivirla allí con su memoria.

  Y Rosaleen soñaba con ellos y les veía correr, reír felices por la playa como cuando eran jóvenes y se detenían en sus juegos y se besaban como dos adolescentes. Él en mangas de camisa con los zapatos en la mano, y ella extendiendo los brazos al frente para abrazarlo vestida de color rosa.



                                                          F    I    N

Autora : 1996 rosafermu
Edición   Marzo de 2020
Ilustraciones:  Internet y FBAPP
DERECHOS DE AUTOR RESERVADOS

sábado, 4 de abril de 2020

El mismo mar. El mismo cielo - Capítulo 14 - Declive

Y tras realizar todos los proyectos, se asentaron definitivamente en Connemara.  Sus hijos, unos casados, otros por libres iban a visitarles de vez en cuando. Ellos permanecían juntos y así sería hasta el fin de sus días. Paul se mantenía fuerte, con algunos achaques de artrosis, pero nada importante. Rose Mary estaba más delicada de salud, pero también mantenía su buena forma: siempre contenta y enamorada de Paul.  Se sentaban junto a la pasarela que conducía hacia la playa, y allí la enfermera contratada por Rosaleen para que cuidara de ellos, les acomodaba en unas hamacas, tapando sus rodillas con una ligera manta.  Cogidas sus manos, de vez en cuando Rose se quedaba dormida, y él la miraba con inmenso cariño y con una ligera sonrisa en su cara.



¡ Qué rápido había pasado el tiempo, qué rápidos los años, qué rápida la juventud !  Contemplaba su rostro tan querido  y la recordaba cuando ambos eran jóvenes, cuando la regañaba porque no estaba en el puesto en el que él la quería, y lo rápido de su noviazgo que nadie creyó, pero que ahí estaban firmes y seguros como dos columnas de mármol.  Pero no ignoraba  que eran viejos y que alguno de ellos partiría.  Borraba ese pensamiento de su cabeza y pedía mentalmente que fuera él, porque no soportaría la ausencia de ella.  No quería ni pensarlo. Toda su vida juntos y juntos quería que fuese el final.  Que fueran depositados sus cuerpos en la misma tumba, cerca del mar y bajo el mismo cielo azul por el día y estrellado por las noches.  Que sus cenizas se fundieran con la tierra y que ambos, ya libres de sus cuerpos achacosos, corrieran felices por aquella playa cerca del mismo mar , calentándose al mismo sol, bajo el mismo cielo.

    Y no podía evitar el que dos lágrimas resbalaran por sus mejillas. ¡ La quería tanto ! Había sido su motor desde que la conociera y lo había seguido siendo a lo largo de sus años vividos.  Conocía que su salud era frágil a raíz de aquél amago de trombosis que sufrió hacía poco más de un año. Y por su condición de médico sabía que el final no estaría lejano.  Por eso se esmeraba en complacerla, en amarla cada día más, en besarla cada vez que tenía oportunidad, en velar su sueño  que a menudo tenía. ¡ Su Rose, su amada Rose!   Y la recordó a la cabecera de su cama cuando aquella epidemia de gripe, sin separarse ni de noche ni de día.  En ese instante, recordó las horribles pesadillas que padeció. ¿ Sería el anuncio de ese final?


Se levantó de su asiento, y sin perder de vista a Rose, comenzó a pasear como para borrar de su imaginación aquellas horribles visiones que tuvo por la fiebre. Era como una premonición ¿ Por qué ahora ?  Apretó los puños tratando de evitar el gemido que le subía desde la garganta.  No sucedería; él la cuidaría  y seguirían su camino juntos.  No concebía la vida sin ella, no podía ser.  Se irían los dos juntos y desde el cielo verían a sus hijos y a sus nietos,  y ya si, estarían juntos para la eternidad, tomados de la mano.

Rose se despertó sobresaltada al no notar la calidez de la mano de él.  Le buscó inquieta y le vió paseando cabizbajo por la playa,  Sonrió tranquila y volvió a entornar los ojos complacida.  Él estaba allí cerca,  y se volvió a quedar dormida.

   De ese modo pasaron ese verano, el otoño y llegó la Navidad.  Sería especial, porque toda la familia decidió reunirse con  los padres.  Los niños correteaban a su alrededor bajo la cariñosa y feliz mirada de los abuelos, pero también con las regañinas de sus padres para que no les volvieran locos.

Aquellas navidades serían especiales para todos ellos, especialmente para Rose y Paul, por muchos motivos,. Los hijos habían tomado vacaciones para disfrutarlas todos juntos como cuando eran pequeños. La familia había crecido. Ahora tenían nuera, yerno y nietos.  la vida había sido generosa con ellos; les había dado una larga y feliz, con una familia maravillosa.  Su trabajo había sido bien realizado.

Se ausentaron de nuevo el día dos de diciembre. Volverían en cuanto les fuera posible. El abrazo de despedida fue intenso y tierno.  De nuevo se quedaron solos con Ann, la enfermera.  Entraron a casa, tomados por la cintura, sonrientes y satisfechos; habían pasado unas vacaciones extraordinarias, como hacía mucho tiempo no habían disfrutado.  Y Rose recobro el brillo de sus ojos y mimosa subió con Paul las escaleras que les conduciría al dormitorio.  Se sentía cansada por tantas emociones, pero extraordinariamente feliz.




Enero había comenzado con intenso frío y nieve.  No podrían salir a la playa al menos en unos días, Acomodaron el sillón de Rose junto a la ventana y descorrieron las cortinas para que pudiera ver el paisaje maravilloso de un mar plomizo pero pleno de actividad.  En otro sillón junto a ella, Paul leía las noticias del periódico; nada interesante, pero al menos estaría un poco al tanto de lo que ocurría por el mundo.  Al plegarlo, echó una mirada a Rose, que se había quedado dormida; la beso en la frente y se dirigió a la biblioteca-despacho en el que él escribía algunos textos de medicina.  Tomó un libro de la estantería y volvió al lado de Rose.  Seguía en la misma posición, y observó su respiración: todo normal  Volvió a besarla en la frente y se sentó frente a ella, para iniciar la lectura de Cumbres borrascosas. Le gustaba esa novela de amores tan tortuosos, tan diferentes al que ellos habían vivido.  Lo abrió por la señal de la última lectura, se puso las gafas y se dispuso a sumergirse en la lectura.

viernes, 3 de abril de 2020

El mismo mar. El mismo cielo - Capítulo 13 - Una vida diferente

Pasada la gripe todo volvió a ser igual, salvo sus recuerdos de las pesadillas sufridas.  Le hacían plantearse las cosas de muy distinta manera, pensando en que quería vivir la vida más reposada y disfrutarla más,  más de su familia, gozar de cada momento, de las pequeñas cosas que te brinda el día a día y que a veces, por no decir siempre, ni siquiera prestamos atención.  Le había quedado un regusto amargo de esa experiencia, y en el fondo de su cabeza perduraba la idea  quizás eso hubiera sido una segunda oportunidad de vivir de otra manera, de aprovechar al máximo los pequeños placeres que a diario salen a nuestro paso y que sólo echamos de menos cuando los perdemos.

Era aún joven y por ese motivo deseaba permanecer el mayor tiempo posible junto a Rose Mary y los niños. Que ya no eran tan niños, y pronto comenzarían a organizar sus propias vidas.  Y se quedarían ellos dos solos.  Y así debía ser, como ellos lo hicieron a su debido tiempo.  Pero en  el fondo, sentía miedo.  No había vuelto a soñar , pero no obstante con la menor excusa, afloraba a su memoria, y eso no le gustaba.  ¿Era un presentimiento ?  Lo desechó de inmediato de su cabeza

- Son tonterías.- se dijo

Pero no se le iba de la cabeza  la idea de que, probablemente, en dos o tres años, cambiaría el rumbo de su vida, de sus vidas, puesto que sería algo que propondría a Rose cuando tuviera la idea más madura. Y que no era otra más que abandonar la medicina activa y dar clase en la Facultad.  Sería un trabajo estable, en algo que le satisfacía: formar a futuros médicos, pero a un mismo tiempo, tener tiempo libre para dedicárselo a su mujer.  Para entonces sus hijos ya tendrían sus propias inquietudes y sería la hora de disfrutar los años que aún de juventud les quedase.  Realizarían viajes a los lugares siempre deseados y nunca realizados por falta de tiempo.  Ahora estarían los dos solos, y era hora de  tener sus propios sueños.

Pasaron cinco años desde que se forjara esa nueva vida, pero al fin lo consiguió.  Era profesor de la Facultad de Medicina,. y disfrutaba enseñando a sus nuevos alumnos, su propia experiencia y además era una forma de "matar " el gusanillo, porque ser médico era su pasión y lo que siempre había deseado hacer.  Y el momento de planteárselo a ella, había llegado.  Todo dependía de si estuviera conforme con lo pensado, porque el eje de su vida seguía siendo y lo sería siempre Rose Mary.


Y ella aceptó encantada.  Aún tenían años por delante hasta que los achaques de la edad, les limitasen sus movimientos.  Su misión en la vida estaba cumplida.  Sus hijos campaban por sus respetos y no les necesitaban:  sólo se tenían el uno al otro.  Ella le escuchó muy atentamente todos los planes que tenía, y al final, sonriendo, le dijo

- Si.  Me gustan tus planes. Podemos ir a donde queramos y cuando queramos.  Me será indiferente el lugar que elijamos, pero estaremos juntos, y eso es lo que más deseo. Has trabajado duro desde muy joven.  Te has labrado un gran nombre en la medicina, y ahora vuelcas tus experiencias en las mentes jóvenes de tus alumnos.  Les traspasas tu experiencia, así que es hora de que descanses y te tomes las cosas con más calma, y que tu tiempo libre lo dediques a tu mujer, o sea, a mi.  He tenido una vida plena y feliz.  El día que lo haga, me iré de este mundo totalmente satisfecha.  Te he querido mucho y me has querido. No puedo pedir más

- No quiero que hables así. No me gusta.   Es como si nos estuviéramos despidiendo de la vida, de todo. Y aún nos quedan muchas  cosas por hacer.  Hemos de conocer a nuestros nietos, por ejemplo.  Te imagino sentada mirando embobada a una preciosa niña igual a nuestros hijos. Meciendo en tus brazos a una criatura de nuestra misma sangre, y mirándola con ternura; y ella te devolverá la mirada también, porque sabrá que serás la abuela más dulce del mundo  Todo eso es lo que nos queda por vivir.  Una etapa nueva en nuestras vidas, que ha llegado demasiado deprisa porque veloz ha corrido la vida.  Por eso deseo aprovechar esos instantes, que apenas disfrutamos con nuestros hijos, y que los nietos nos resarcirán de todo ello.



- ¡ Ay, cielo . ¡ Eres todo un romántico !  - y acercándose a él, le beso suavemente.

Y ese verano planearon un crucero por el mediterráneo. Conocieron Grecia y se entusiasmaron.  Eran como dos recién casados disfrutando de su luna de miel. Se sentían más unidos que nunca, aunque las discusiones pueriles eran más frecuentes, pero también las reconciliaciones eran más explosivas. Nunca Rose había reido tanto y con tanta alegría y Paul la contemplaba mientras lo hacía, totalmente satisfecho de ver a su mujer tan feliz y relajada. y él disfrutaba con su disfrute; es lo que siempre había deseado y bendecía el día que la vió por vez primera, porque nunca le defraudó en nada.  Era su complemento en todas las secuencias que habían vivido. 

Todos los caprichos que se la antojaran se los daba, y todos le parecían insuficientes.  Nunca había estado tan cariñoso ni tan enamorado de ella.  Seguía viéndola con sus veinte años, espléndidos; y en realidad así estaba, pero ya el brillo de sus ojos no era tan fulgurante , en su cara se marcaban algunas arrugas.y en sus cabellos lucían algunas canas. Él también había cambiado. Su cuerpo no era tan atlético como antes, y en su estómago sobresalía ligeramente la llamada curva de la felicidad.  Pero a ninguno de los dos, les importaba  esos síntomas de juventud perdida.  Seguían enamorados y esos eran defectos que no les importaba, porque lo más hermoso y principal era que se seguían amando con intensidad y estaban juntos. Tenían una vida satisfecha y nada en el horizonte que lo ensombreciera.

RESERVADOS DERECHOS DE AUTOR / COPYRIGHT
Autora: rosaf9494quer
Edición: Abril 2020
Ilustraciones. Internet


jueves, 2 de abril de 2020

El mismo mar. El mismo cielo - Capítulo 12 - Reflexiones

Aún pasaron cuatro días más hasta que Paul se encontró casi bien. No había vuelto a tener fiebre, ni pesadillas tampoco, pero en su cabeza persistía la sensación de pérdida de su mujer, y eso le hacía más cercano a ella.  Tenía una hermosa familia, y en sus sueños la había perdido en un momento.   Quería estar más con ella; aprovechar hasta el último momento para mirarla y disfrutar de su presencia.

Aún mantenía en su imaginación  la sensación  experimentada y eso hizo que la amase más y profundamente.  Y la amó intensamente cuando su recuperación fue efectiva.  necesitaba su presencia, su calor, su ternura porque el dolor sufrido en esos sueños era insoportable.

Y en cuanto pudieron se trasladaron a Connemara;  pasarían unos días en la casita que tenían en la playa.  Allí los niños tomarían el sol y ellos, sentados uno junto al otro, hablarían largamente de cualquier tema, era indiferente, lo esencial sería estar juntos, pegados uno al otro con las manos juntas.  Rose no terminaba de entender el porqué de esa obsesión, y él trataba de transmitirla lo que había sentido en esas pesadillas, lo que significaban, y por nada del mundo quería volver a sufrirlas.

    Y el tiempo transcurrió a su propio ritmo. Paul se incorporó de nuevo a su trabajo y Rose atendía a sus hijos sin que nada alterase la paz de aquél hogar.  Y una mañana le anunció que volvía a estar embarazada y juntos rieron y bailaron ante la atenta y curiosa mirada de sus hijos que no entendían a qué se debía tanto alborozo.  Dylan ya había cumplido dos años y acudía al jardín de infancia instalado en una parcela junto al colegio al que iba Rosaleen.  ¡ Su tercer hijo ! Tal y como habían planificado.

Las hojas del calendario caen inexorablemente y ellos se iban haciendo mayores siguiendo el ritmo que marcaba la vida.  Rosaleen estaba a punto de entrar en la universidad y Dylan en su bachillerato y el último de la saga: Niall, su primaria.  Tenían más tiempo para ellos solos y los fines de semana, los cinco,  siempre hacían alguna excursión si el tiempo lo aconsejaba.

Rosaleen conoció a un chico al entrar en la universidad, se enamoraron, e hicieron proyectos juntos de vida en común. Lo harían en cuanto él terminase su carrera al cabo de tres años:  Medicina, siguiendo la tradición familiar de la familia Limerick.  Se casaron en las fechas previstas. Dylan comenzó también en la universidad. ¡ Cómo no, sería investigador !, Niall aún no lo tenía claro, pero era de espíritu aventurero así que no sería de extrañar que se dedicase a recorrer esos mundos de Dios ayudando a la gente como Médicos sin Fronteras, de los que era un ferviente admirador.  Margaret envejeció con ellos y un día se  fue, causando tremenda tristeza en todos, pero especialmente en Rose, ya que había sido no sólo su  consejera en algunas cosas, pero también su amiga y confidente.  La echaría mucho de menos y la sumió en una profunda tristeza.

 La vida había transcurrido ante ellos sin darse cuenta, siguiendo su ritmo inexorable, y ellos también pasarían.  Era ley de vida, pero Paul no quería ni oír alguna alusión a ello, ni siquiera a la vejez, que limitaría sus movimientos, en unos pocos años.
  Guardaba el recuerdo de sus pesadillas y cada vez que lo hacía su dolor se recrudecía.  Seguía admirando a Rose y en sus ojos se reflejaba la joven vivaracha de cuando estaban en el hospital. ambos trabajando. Paul ya estaba jubilado y Rose lo había dejado al tener su tercer hijo. Pero ante sus ojos, no existían los cabellos blancos  que iban tiñendo los cabellos de ambos.  Ni sus deseos habían aminorado, aunque tampoco era lo mismo,  permanecían intactos, pero ahora eran más reposados.

Ciertamente ellos también habían cambiado, no en sus sentimientos,  que en la actualidad se amaban de otra forma, sin tanta vehemencia, pero con más autenticidad si cabe.  Pasaban  mayor tiempo en Connemara; allí habían establecido su hogar y disfrutaban cuando alguno de sus hijos iba a visitarlos. Era difícil que los tres se juntaran al mismo tiempo, pero ellos se habían resignado a ello, ya que cada uno  tenía su vida  forjada  en ellos mismos. Se tenían el uno al otro y viéndoles felices ellos también lo eran.

Su día a día era muy tranquilo.  Se limitaban a pasear por la playa, si el tiempo acompañaba; otras veces iban hasta el pueblo y charlaban con los amigos. Como Robert, también jubilado y residiendo en el pueblo con quién se frecuentaban  a menudo. No necesitaban nada más: se tenían ellos, el uno al otro.

 Y de este modo los días pasaban lentamente.


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Autora: rosaf9494quer
Edición: Abril 2020
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miércoles, 1 de abril de 2020

El mismo mar. El mismo cielo - Capítulo 11 - Pesadillas

Una espesa niebla lo cubría todo. Las olas rugían furiosas en Connemara. No había sol, tan sólo fuerte viento y el cielo gris. Caminaba por la playa con los zapatos en la mano y las mangas de la camisa y el pantalón remangados.  A lo lejos se divisaba una figura femenina corriendo y mirando hacia atrás.  llevaba el cabello suelto Y le sonreía. Soltó los zapatos al suelo y emprendió una carrera hacia ella, pero cada vez Rose estaba más lejos y las pisadas de Paul siempre permanecían en el mismo lugar. De repente Rosaleen se agarró a sus piernas como para detenerle, y él trataba de impedirlo; quería llegar hasta donde estaba Rose, pero ella se disipaba cada vez más y él extendía sus brazos para tratar de retenerla sin conseguirlo.  Después una maraña de viejas ramas de estopa convertidas en una bola , avanzaba hacia él, cada vez más grande

- Rose, Rose - la llamaba a gritos pero ella no estaba, se había ido. Se arrodillaba en la arena ocultando su rostro cubierto de llanto entre sus manos.




    De repente, un sol abrasador y. ella que volvía hacia él, con un vaporoso vestido de color rosa, llevando de la mano a Rosaleen, pero ¿ el niño ? ¿ Dónde estaba Dylan ? Y una nube espesa y gris, lo cubría todo, envolviendo a su familia llevandoles por el aire.  Él lloraba, se desesperaba extendiendo los brazos hacia ellos, pero cada vez estaban más distantes y su angustia cada vez mayor. Margaret tiraba de una de las piernas de Rosaleen;  Rose llevaba en brazos a Dylan, y los dos se perdían, hasta desaparecer de su vista y de su vida.

De su garganta salía un grito, un llanto desgarrador acompañado del de Rose, que no sabía como calmarle, Besaba su llanto, acariciaba su cara, tocaba su frente caliente por la fiebre, y ella lloraba sin cesar con miedo, con terror por lo que estaba pasando. Tenía que haber un remedio para bajarle la fiebre. Necesitaba hacerla bajar

- Un baño de agua fría, eso sería lo más rápido y eficaz, pero... ¿ cómo le llevo hasta la bañera?  Quizá entre Margaret y yo podamos. No sé qué hacer

Estaba desesperada; si al menos pudiera preguntarle a él... pero estaba inconsciente sumido en la atroz pesadilla que estuviera sintiendo.  Ella se sentía impotente, sin saber lo que hacer.  Cuando se dirigía en  busca de Margaret para que la ayudara, el llanto convulso de Paul ceso de improviso y poco a poco su respiración se hizo más tranquila.  Exhausto se quedó  dormido y ella posaba de vez en cuando su mano sobre la frente, y cada vez la notaba menos caliente. Le puso el termómetro y respiró aliviada 38º marcaba, y al fin pudo respirar. Al menos no tendría las pesadillas que le atormentaban tanto.

Sólo cuando Robert acudió a su domicilio para visitar a su amigo y compañero, Rose, se calmó.  Le explicó las pesadillas y lo que le hacían sufrir.  El la escuchaba pero al mismo tiempo trataba de convencerla que todo era producto de la fiebre, y tras recetar algo más efectivo para bajarla y de haberla tranquilizado, se marchó dejándola menos angustiada.  Pero no lo estaría del todo hasta que su mejoría fuera algo visible; mientras tanto no estaría tranquila del todo.  ¿Qué sería lo que soñaba y lo que veía en ellas?  Nunca le había comentado nada referente a eso ¿ qué le hacía sufrir tanto? ¿ Algún recuerdo de la infancia? Esperaba averiguarlo si acaso se acordara de algo cuando estuviese mejor.  Sabía que pasando de 40º era peligroso; podían sufrir convulsiones y eso le martillaba el cerebro sin dejarla descansar.  Tras pasar unos días en cama, al fín se notaba la mejoría, aunque al atardecer volvía la fiebre, pero ya no era tan alta, con lo cual comenzó a respirar más aliviada.

Descabezaba un sueño  junto a su cama, cuando Paul se giró y la vió allí reclinada la cabeza junto a él.  La acarició y ese gesto hizo que se despertara de improviso.

- Tranquila, estoy bien

- ¡ Oh Paul ! ¿ Estás mejor ? ¿ Quieres algo ?

- No cielo, estoy bien.  Tranquila

- No sabes las ganas que tenía de que me dijeras esto. Me has tenido muy preocupada.  Has tenido fiebre muy alta y terribles pesadillas.  Me tendrás que explicar lo que te hacía tanto sufrir.

- Es difícil de explicar, pero sé que sufría terriblemente.  Te perdía, te ibas, pero sabía que tu marcha era porque te perdía irremediablemente, te morías.  Y contigo iba Dylan, mi pequeño. Quería desesperadamente agarrarte para retenerte, pero te reias, te reías mientras desaparecías. Luego una bola enorme de rastrojos secos dando vueltas acercándose hacia mí.  No sé lo que eso significa.  Eso me hacía sentir miedo, un miedo atroz, pero a continuación. veía una especie de playa, pero era arena del desierto y entonces me tranquilizaba.  Creo que soñaba con Connemara y allí me sentía feliz y tranquilo.  No deseo volver a tener esos sueños nunca. Te perdía, amor mio. Te elevabas poco a poco y Rosaleen extendía tus brazos hacia tí llorando, y Dylan sonreía y tú también.  Es todo lo que recuerdo.  Durante todos estos días ha sido un sueño recurrente, con alguna variación pero siempre lo mismo.  Créeme mi cielo, haré lo que sea por no volver a soñarlo.  Me veía sólo con Rosaleen y el hecho de perderte es lo que me hacía jadear, tratar de alcanzarte sin conseguirlo.

- No te preocupes.  Estoy aquí, todos estamos aquí. Y doy gracias que la fiebre ha cedido y ya no tendrás más pesadillas.  No me moveré de tu lado.  He estado muy asustada; nunca te había visto de esa forma

Paul se incorporó en la cama y tirando de un brazo de su mujer, la atrajo hacia él besándola con desesperación, con angustia.  Creía haberla perdido, a ella y a su hijo.  pero todo era mentira: ella estaba allí y el niño también.

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Autora: rosaf9494quer
Edición>Marzo de 2020
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